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El traductor autónomo: emprender para traducir

Por Mercedes Amoretti

 Traductor autónomose asocia a menudo con un individuo a solas, sentado delante de una pantalla, en pijama, con la mirada desquiciada, dándole al teclado a toda velocidad a altas horas de la noche. Pero esta caricatura no podría estar más alejada de la realidad, ya que el traductor autónomo no es generalmente ese ser bohemio y nocturno que el colectivo tiende a representar, sino más bien un emprendedor, una persona resuelta y ágil, capaz de desempeñar varios papeles con pocos recursos, con una perseverancia y creatividad que le permiten enfrentarse a las peripecias del mundo empresarial y, la mayor parte del tiempo, salir airoso. Dedicarse a la traducción como autónomo es más una vocación que una profesión, y es, además, una verdadera aventura, porque para traducir hay que emprender. 

Emprendedores orquesta

La Real Academia Española define emprender como «acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro». Esto es lo que el traductor autónomo hace cuando se lanza al mundo profesional, ya que está al mando de una empresa —unipersonal, pero empresa, no obstante— que ofrece servicios de traducción. Así, cuando el traductor autónomo ingresa al mercado, se convierte súbitamente en director general, a la vez que responsable de marketing, contabilidad, soporte técnico, recursos humanos, formación y atención al cliente. Ni el éxito ni los ingresos están asegurados; todo depende de su capacidad de comercializarse y cumplir con su propuesta de valor. 

El autónomo deberá recurrir a sus habilidades de emprendedor para organizar una empresa rentable. Deberá armarse de un plan de negocios que identifique y defina claramente al cliente al que quiere atender y a las necesidades de dicho cliente. Más tarde, deberá vender su servicio, pero no será tan fácil sin una estrategia de marketing, que, probablemente, deba crear e implementar por sí mismo. Cuando el autónomo comience a captar clientes, será el momento de asumir el rol de responsable de contabilidad y se verá envuelto en un mundo de cifras, que a muchos les resultará ajeno. Tendrá que establecer sus tarifas, calcular sus gastos fijos, y asignar un presupuesto para marketing, ventas, equipos y herramientas. También, deberá preparar presupuestos y facturas, negociar condiciones, estar al tanto de sus obligaciones tributarias, y efectuar los pagos pertinentes. 

Sin embargo, allí no terminan sus responsabilidades variadas. Como encargado de atención al cliente, deberá utilizar su don de gentes y escucha activa para entablar conversaciones, forjar relaciones y fidelizar a su clientela. Además, deberá comprender las necesidades de los clientes existentes y potenciales, y generar oportunidades de negocio. 

Por otra parte, en el rol de responsable de formación, el traductor autónomo deberá asegurarse de mantenerse relevante y al día de las tendencias de su sector. Para cumplir con su propuesta de valor, deberá apostar por cursos de formación continua que le permitan profundizar en sus conocimientos. La formación continua es uno de los elementos que contribuirá a mejorar el caché del traductor-emprendedor. 

Detrás de las palabras

Aunque la base primordial sobre la que se sustenta su empresa es la traducción, el traductor autónomo es mucho más que un lingüista. Su rol comunicativo no cobra valor si no va acompañado de las otras funciones que debe desempeñar para tener éxito en su trabajo y ofrecer al cliente calidad, atención e innovaciones continuas. Detrás de las palabras hay una panoplia de actividades que poca relación tienen con la traducción en sí y que fuerzan al traductor autónomo a lanzarse a una verdadera aventura, porque para traducir como autónomo, hay que emprender. 


Mercedes Amoretti es traductora e intérprete de conferencias autónoma EN-ES-FR. Con más de 10 años de experiencia, empezó trabajando en centrales nucleares españolas asistiendo a expertos de OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) y de WANO (World Association of Nuclear Operators), antes de ampliar sus actividades a otros sectores, como el jurídico y el financiero. Es licenciada en Literatura Inglesa por University of London y diplomada en Interpretación por York University. Está acabando un diploma de posgrado en traducción jurídica EN-FR en McGill University. Nacida en Montreal, pasa su tiempo entre su ciudad natal, Madrid y Barcelona.


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