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La traducción de juegos de rol: entre lo técnico y lo literario

Los juegos de rol son una forma de ocio con casi cincuenta años de historia y cada vez más aficionados en todo el mundo. Su traducción exige un perfil profesional muy específico que combine conocimiento técnico con habilidad narrativa.

Por Carlos de la Cruz, director de proyectos de traducción de juegos de rol, Madrid, España

La empresa estadounidense TSR publicó, en 1974, el primer juego de rol de la historia: Dungeons & Dragons. La obra, creada por Gary Gygax y Dave Arneson, evolucionó a partir de los juegos de estrategia y wargames, la gran afición de sus autores. Sin embargo, en lugar de estar ambientado en las guerras napoleónicas o en las batallas de la Segunda Guerra Mundial, Dungeons & Dragons se inspira en la labor de autores de ciencia ficción y fantasía, como R. E. Howard, H. P. Lovecraft, Jack Vance y J. R. R. Tolkien. 

Atrás quedó la práctica de desplazar figuras de plomo por un campo de batalla. En Dungeons & Dragons, cada jugador interpreta únicamente el rol de un personaje. Fuertes guerreros, sabios magos o astutos elfos exploran, junto a sus compañeros, un mundo fantástico en busca de fama, aventuras y botín, solo con su imaginación y sin moverse de su casa.

Décadas de evolución derivaron en temáticas diversas, como el terror (La Llamada de Cthulhu o Vampiro), la ciencia ficción (Traveller o Cyberpunk) o los superhéroes (Mutants & Masterminds o Champions), así como en juegos oficiales de distintas franquicias, como El Señor de los Anillos, Star Wars o Juego de Tronos.

Con un momento de apogeo en los años 80 y un renacimiento actual de la mano de la quinta edición de Dungeons & Dragons y de las partidas retransmitidas en línea, los juegos de rol se cuentan hoy por millares y son una forma de ocio alternativa para cientos de miles de aficionados.

Ficción interactiva

En cada partida intervienen generalmente entre tres y seis jugadores, cada uno de los cuales crea un personaje ficticio y lo interpreta durante todo el juego. Según instrucciones específicas, cada jugador genera una serie de valores numéricos y descriptivos que determinan las capacidades de su personaje: su habilidad para luchar, sus conocimientos del mundo en el que vive o la intensidad de sus relaciones con otros jugadores. 

Uno de los jugadores, denominado director de juego o narrador, tiene una función diferente, ya que corre de su cuenta dirigir la aventura: presenta la situación inicial y actúa como árbitro a la hora de descifrar las reglas de la partida. No se trata de un adversario, sino de un jugador más que cumple un papel de facilitador.

La acción transcurre en la mente de los jugadores, sentados a la mesa de juego y atentos a las palabras del director. Si bien se usan fichas de personaje, dados o cartas y, en ocasiones, figuras que representan a los personajes, nada de esto es sino un mero apoyo. Los juegos de rol son una conversación entre el director de juego y el resto de los jugadores, en la que las disputas se resuelven con una tirada de dados o algún otro elemento de azar. El rol de los jugadores es colaborativo. Todos ganan o pierden juntos, y la recompensa por sus esfuerzos es un reto superado en común y el recuerdo de una historia que ellos mismos protagonizaron.

En búsqueda del equilibrio

Un juego de rol debe estimular la creatividad mediante las características de su sistema de juego y las del mundo que propone explorar. Es una obra literaria que debe inspirar la creación de partidas y encender la imaginación de los jugadores. Al mismo tiempo, es un manual técnico que explica cómo crear personajes, estructurar una partida y resolver las situaciones en las que se verán envueltos los personajes. En la mitad de la partida, el director de juego debe ser capaz de encontrar rápidamente una regla concreta, redactada de modo claro y sencillo. 

Los mejores juegos de rol son aquellos que logran encontrar el delicado equilibrio entre lo técnico y lo literario. Por ende, no resulta sorprendente que su traducción conlleve dificultades muy particulares. Los traductores deben conocer la terminología habitual, que se ha ido fraguando a lo largo de varias décadas, además de mantener la coherencia terminológica en toda la obra y crear un glosario para conservar dicha uniformidad en el resto de los libros de la misma colección. Por otro lado, las partes del juego dedicadas a la ambientación exigen una traducción menos mecanicista y más literaria. 

Traducción con tradición 

Cuando la editorial Nosolorol adquirió los derechos de Pendragón, un juego de rol basado en los mitos artúricos que había sido traducido al español con anterioridad por otra editorial que cerró sus puertas, se realizaron una serie de cambios muy pertinentes. Por ejemplo, el término «Espadón», traducción de Great Sword, la espada usada a dos manos por los caballeros que protagonizan el juego, se reemplazó por «Mandoble», vocablo histórico que aparece en los tratados de la época para designar a la espada que se usa con las dos manos. Sin embargo, ciertos cambios, por más adecuados que fueran desde el punto de vista terminológico, no pudieron llevarse a cabo porque habrían resultado confusos para los aficionados. Tal es el caso del término attributes, que no se modificó por la sugerencia «atributos», sino que se conservó como «características», vocablo usado durante décadas para denominar aquellos rasgos intrínsecos de un personaje, como su fuerza, inteligencia o destreza innatas. 

Trabajar en torno a términos ya solidificados en la industria aporta cierta rigidez al marco de acción del traductor. La flexibilidad es una cualidad esencial para transitar con destreza un camino en el que a menudo deberá dejar de lado lo correcto y optar por lo tradicional o lo conveniente. Encontrar un traductor que aúne educación formal, conocimiento del medio y habilidad para bascular entre lo pragmático y lo narrativo no siempre es sencillo. La solución radica en lograr el equilibrio entre la idoneidad profesional y la afinidad por lo lúdico y lo extraordinario.

Carlos de la Cruz es ingeniero informático de profesión y apasionado de los juegos de rol desde los 12 años. Dirigió y participó en la traducción del inglés al español de juegos de rol como Pendragón y Ryuutama, y actualmente colabora con el sello editorial 77Mundos como editor, corrector y coordinador de autores y traductores. 


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