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Lenguaje inclusivo: se hace camino al andar



Por Maria Ortiz Takacs, trad. a./C. Tr.

Hubo bastante revuelo en el mundo hispánico cuando, en 2008, la entonces Ministra de Igualdad española, Bibiana Aído, llamó a las diputadas miembras del Congreso, un femenino desaconsejado en la Nueva gramática de la lengua española publicada por la RAE en el año 2010. De acuerdo con dicho manual, el sustantivo miembro puede ser epiceno (un solo género gramatical que designa a ambos sexos: el miembro) o común en cuanto al género (se indica el género mediante el artículo definido: el/la miembro). Ahora bien, en el Informe de la Real Academia Española sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas, publicado en 2020, la RAE ratifica su postura, pero parece asumir una actitud más receptiva a las recientes discusiones en materia de género.

Explica la Academia que el proceso de formación de femeninos para diferenciar el sexo en la lengua española se compone de tres fases: unisexo, desinencia común y desinencia diferenciada, como en el caso de: fase 1, el árbitro; fase 2, el/la árbitro; fase 3, el árbitro/la árbitra. Luego se pronuncia específicamente con respecto al término miembra:

Cuando una ministra lo utiliza como femenino desinencial (miembra) genera asombro y numerosas reacciones de rechazo. Sin embargo, su creación no se apartaba de las posibilidades que ofrece el sistema. Había seguido el mismo proceso en la formación de otros femeninos. [Subrayado propio].

Si bien la desinencia femenina de miembro suena extraña a los oídos hispánicos y la RAE no la recoge en ninguno de sus diccionarios, conceder en una publicación que la forma desaconsejada de un femenino desinencial permanece dentro del sistema lingüístico abre la puerta a la formación de otros femeninos «resistentes» similares y sirve como recordatorio de que la tarea de alentar la evolución de la norma está en manos de la comunidad hispanohablante.

De gota en gota se llena el vaso

La misión de la RAE es velar por que los cambios que se van dando en la lengua española no quiebren la unidad que esta tiene en la esfera hispánica. Pero la tarea de celadora de la lengua que la Academia desempeña no impide que el español se modifique a medida que van cambiando las necesidades de la sociedad. Naturalmente, hay una brecha temporal entre el origen de una nueva costumbre lingüística y el momento en que las academias de la lengua deciden incorporarla a sus gramáticas y diccionarios. Lo explica claramente la escritora e investigadora argentina María Rosa Lojo en su ensayo Sobre uso del “lenguaje inclusivo” publicado en 2021:

La lengua, en general, acompaña las modificaciones de la sociedad, no provoca por sí misma transformaciones sociales. Las academias convalidan los hechos consumados. Recién cuando una mayoría de la población habla de una determinada manera, eso pasa a ser normativo. 

En teoría, la RAE no rechaza la totalidad de las alternativas propuestas por el lenguaje inclusivo. Esto se sobreentiende cuando aclara, refiriéndose a las instancias en las que el español resiste, por su estructura misma, la formación de femeninos (miembra), que «la lengua mantiene siempre abierta la puerta». Sobre el desdoblamiento, a menudo tildado de antiestético en el pasado, afirma: «...esas opciones forman parte de la libertad de los hablantes para elegir su forma de expresarse». En contrapartida, sostiene que solo un grupo minoritario las usa. Para la Academia, el desdoblamiento es redundante, pero esto no le impide reconocer —por primera vez— sus aspectos positivos. Entre otras cosas, menciona que no es agramatical y que reduce la ambigüedad casi por completo, mientras que, en 2010, decía: «El circunloquio es innecesario en estos casos, puesto que el empleo del género no marcado es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo».

Distintas pero no ajenas

La postura general de las Academias sigue la línea saussuriana: la lengua es un sistema de signos en su mayoría arbitrarios cuyo valor se pone de manifiesto cuando se los combina con otros. Dicho de otro modo, el significante —la forma— se relaciona con el significado —el contenido— por medio de una convención. Por su parte, la postura del lenguaje inclusivo va más allá de la norma lingüística y pide un cambio basado en la coyuntura social actual. En este sentido, vale la pena detenerse nuevamente en las palabras de María Rosa Lojo: «Si hoy la morfología del castellano incomoda, en lo que hace a las cuestiones de género, es porque estas cuestiones se han visibilizado especialmente...».

Al dar ejemplos de los cambios reflejados en la edición de 2019 del Diccionario de la Lengua Española, la Academia misma admite que la norma no es y no a sido nunca inmutable. Entre otras cosas, la RAE sustituyó la palabra hombre, usada en sentido genérico, por formas más abarcadoras como persona o ser humano, y visibilizó a la mujer en varias profesiones y actividades.

Puesto que el cambio lingüistico se produce a partir del colectivo y no de las autoridades, el presente artículo tiene un fin doble. El primero es enfatizar que, en su informe de 2020, la Academia parece adoptar una postura más atenta a los cuestionamientos sociales actuales. El segundo es invitar a una reflexión sobre cómo debería la comunidad de lingüistas abordar las modificaciones inherentes a la evolución de la sociedad que surgen durante el plazo conducente a su formalización por parte de la Academia.

 


 

Referencias

Lojo, María. (2021). Sobre uso del “lenguaje inclusivo”. En Por un lenguaje inclusivo. Estudios y reflexiones sobre estrategias no sexistas en la lengua española. Nueva York: Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Recuperado de: https://www.anle.us/publicaciones/biblioteca-digital/por-un-lenguaje-inclusivo-estudios-y-reflexiones-sobre-estrategias-no-sexistas-en-la-lengua-espanola/

Real Academia Española. (2020). Informe de la Real Academia Española sobre lenguaje inclusivo y cuestiones conexas.

Recuperado de: https://www.rae.es/sites/default/files/Informe_lenguaje_inclusivo.pdf

Real Academia Española; Asociación de Academias de la Lengua Española. (2010). Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros.






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